La celebración reinterpreta el mito fundacional moxeño de la victoria jesuítica de San Ignacio de Loyola y asocia las tradiciones indígenas.
Los festejos empiezan en mayo con fuegos artificiales, cantos y alabanzas; y continúan en junio con misas diurnas y nocturnas, velatorios, donaciones de limosnas y banquetes.
“Estamos con todos los ánimos y la predisposición de trabajar en la promoción (turística) y el plan de salvaguardia. Voy a retribuir con trabajo muy riguroso, pero con muchísimo amor por la hospitalidad que me ha demostrado este lindo pueblo”, manifestó Alanoca.
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