El beato Fray Diego de Cádiz, en la novena al Señor del Gran Poder, dedicó alabanzas a esta advocación por su antigüedad y por los prodigios que se atribuyen a “la venerable efigie del Señor del Gran Poder”, cuyo nombre se oye “en regiones y pueblos muy distantes”. La imagen sevillana es de Juan de Mesa, discípulo del célebre Martínez Montañés, (Montoto 1976; 137-141).
Dentro de Bolivia tiene también raíces coloniales la imagen del Gran Poder que actualmente se venera en el templo de Santo Domingo de la ciudad de Sucre. Efectivamente, cuando dicha ciudad era todavía La Plata y era la sede de la Audiencia de Charcas, existía allí la llamada “Casona del Gran Poder”. Era en realidad el palacio de la Inquisición, que recibió este nombre porque, según una leyenda, allí apareció de manera milagrosa (ver 5.3) una estatua de Cristo crucificado que recibió dicha advocación. (Costas Arguedas 1967: II 259).
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